Dulces y bienestar digestivo

Publicado el 21/04/2016

¿Dudas si dejarte llevar por la tentación? Ciertamente, los dulces tradicionales vienen cargados de grasas y azúcar, como la mayoría de la repostería. Pero si nuestra salud es buena, incluirlos de forma puntual en una dieta equilibrada no tiene porqué ser perjudicial.

Muchos de estos dulces son fritos y comer más de la cuenta puede desatar acidez o ardor de estómago, pues su contenido en grasa se nos hace difícil de digerir. El abuso de repostería puede acarrear algunos desajustes digestivos, así que la moderación es fundamental.

A veces resulta difícil controlar la ingesta de dulce, y eso se debe a la forma en que nuestro cuerpo metaboliza el azúcar. ¿Te has fijado que muchas tardes, a la hora de merendar, te apetece algo dulce a pesar de no tener hambre? Intuyes que el azúcar te va a dar un extra de energía, un empujón para acabar las tareas de la tarde, y devoras, una a una, todas las galletas del paquete, hasta que, al terminar, sientes remordimientos.

Esta extraña sensación de no poder saciar el hambre se debe a una razón fisiológica. Cuando ingerimos un alimento altamente azucarado, por ejemplo unos buñuelos, se dispara la producción de insulina en nuestro organismo y los azúcares de los buñuelos son rápidamente absorbidos. Entonces, llegamos a un punto de hipoglucemia, en el cual tenemos menos azúcar en sangre que antes de haber comido, y nuestro cuerpo nos demanda más azúcar. Si ingerimos otro buñuelo y después otro, podemos caer en un círculo vicioso que nos llevará a acabarnos el plato entero. El efecto disminuye si la harina utilizada es integral. Los cereales integrales contienen más fibra, vitaminas y minerales, y sus azúcares se absorben más lentamente (su índice glucémico es bajo), por lo que proporcionan energía prolongada.

De todos modos, esquivar el azúcar no es tarea fácil. En nuestros días, muchísimos alimentos procesados llevan azúcares añadidos. Incluso algunos que no imaginaríamos, como el jamón de York o el salmón ahumado, por no hablar de los platos precocinados. Muchos de los alimentos que se anuncian como bajos en grasa, suplen esa carencia añadiendo más azúcar.

Los dietistas nutricionistas recomiendan no añadir azúcar siempre que sea posible. Quizás no nos resulta fácil, pero con un poco de determinación, podremos habituarnos a comer menos dulce. Eso nos permitirá disfrutar de azúcares más sanos, como los de las frutas y hortalizas que, sorprendentemente, también son dulces.

El azúcar está en todas partes, no se trata necesariamente de eliminarlo de nuestra alimentación, pero sí es aconsejable reducir su consumo, especialmente en las personas que sufren de estreñimiento, pues el consumo de azúcares refinados lo agudiza. Por otro lado, la repostería tradicional frita y rica en grasas aumenta la sensación de pesadez de estómago y hace las digestiones más difíciles. Consume repostería que haya usado aceite vegetal siempre que puedas, y reduce la cantidad. Un tratamiento multisintomático que prepare el estómago y alivie los síntomas provocados por molestias gastrointestinales puede ser un buen aliado.

Con estas nociones básicas en el bolsillo, disfruta de la repostería tradicional, y ¡endulza tu vida!

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