¿Y si no me enamoro de mi bebé?

Publicado el 27/04/2017

Has leído que nada más coger a tu bebé en brazos se crea ese vínculo tan especial entre madre e hijo, pero ¿y si no ocurre? Aparecerá, solo es cuestión de tiempo.

Es posible que este enamoramiento del que te estamos hablando te parezca una ilusión. Tú, que tienes a tu bebé en brazos, sientes curiosidad por inspeccionar cada milímetro de su cuerpo, sientes asombro, sorpresa..., pero ni rastro de ese vínculo fuerte y mágico.

Son muchos los factores que influyen en esta conexión y la experiencia del parto es uno de ellos. Cuando sientes que durante el parto no te han tratado con mimo o ha sido un proceso muy medicalizado (se ha utilizado oxitocina sintética, se ha recurrido a la epidural, ha acabado en cesárea…) y, además, madre e hijo no habéis podido disfrutar juntos, piel con piel, en un ambiente íntimo y tranquilo de los primeros minutos de vida del bebé fuera de tu vientre, es fácil que este enamoramiento tarde más en establecerse. Eso sí, llega. Poco a poco, pero llega.

Enamorarte de tu bebé a primera vista

Una cuestión hormonal

¿Y por qué influye el parto? Pues porque en ese momento tu cuerpo está invadido por la oxitocina, la hormona del amor. La oxitocina es la responsable de desencadenar el parto y las contracciones que dilatan el útero, y sus niveles se disparan cuando tu bebé y tú sentís el calor de vuestros cuerpos y os miráis por primera vez. Parece fantasía de un cuento de hadas, pero no, es pura lógica. La naturaleza, que no deja nada al azar, diseñó este mecanismo para activar el instinto maternal, ese que garantiza la supervivencia del bebé, porque te hará cuidarlo y defenderlo por encima de todo.

De ahí viene ese enamoramiento del que tanto has oído hablar. Y si no has podido vivirlo, no te preocupes porque acabarás sintiéndolo. En el siguiente listado te explicamos cómo puedes favorecer que el vínculo se establezca:

  • Amamantando a tu bebé
  • Compartiendo momentos piel con piel
  • Durmiendo juntos
  • Usando una mochila portabebés, fular, bandolera… o cualquiera de los sistemas de porteo que existen
  • Estableciendo rituales, algo que sea exclusivo de los dos: la hora del baño y de irse a dormir, un masaje, un paseo…
  • Dejándose llevar y disfrutando de ese nuevo mundo que se crea entre madre e hijo

Estos actos al alcance de cualquiera aumentan los niveles de oxitocina o lo que es lo mismo, reduce el estrés y la tristeza dejando paso al amor, al placer y a los vínculos fuertes.

Imposible generalizar, cada experiencia es única

Cada mujer es diferente, tiene su propia historia de vida, y vivirá la maternidad a su manera. Existen tantas formas de hacer las cosas como madres, y ninguna es mejor que la otra. Sin embargo, si ves que los días pasan y ese vínculo no acaba de aparecer, sería recomendable que buscaras ayuda. Tu comadrona te puede aconsejar, porque lo importante es que tú te sientas bien.

La maternidad es un viaje emocional y psicológico distinto en cada mujer y no es para vivirla aislada. Compartir las experiencias con otras mujeres ayuda y reconforta.

Un trabajo para toda la vida

Es cierto que este vínculo que se establece en los primeros años de vida de un bebé es muy importante. Digamos que es la base de su personalidad y de su autoestima, pero eso no significa que debas añadirte más presión de la que ya lleva implícita el papel de madre. Todas nos esforzamos y lo hacemos lo mejor que sabemos. Para nuestros hijos somos las mejores del mundo. Disfruta de tu hijo, cuídate, busca tu bienestar. Ese es el secreto de la felicidad de tu hijo.

 

L.ES.MKT.CH.03.2017.0299