Ya tenemos al bebé, ¿y ahora qué?

“¿Tendrá hambre?”, “¿Sueño?”, “¿Por qué llora?” “¡Necesito un respiro!”… Seguro que estas palabras te resultan familiares. ¡Toma aire! En unos días lo tendrás todo por la mano.   

Durante el embarazo, mientras leías uno de los muchos libros que te habían recomendado tus amigas, seguro que te habías imaginado cómo sería la nueva vida con vuestro recién nacido en brazos. Y ahora que ya estáis en casa, ¿es tal y como pensabas que sería?   

Cuestión de tiempo

Cuando en el entorno más cercano no hay ningún bebé es fácil creer que en sus primeros días de vida el recién nacido solo come y duerme, y que la madre dispone de todo el tiempo del mundo para hacer lo que quiera. Pero, ¡qué error más grande! ¿Verdad?

¿Cuántas veces no has pospuesto una ducha porque te reclamaba tu bebé? ¿O has aprovechado que estuviera durmiendo para comer con tranquilidad? ¿Has contado las ocasiones que tenías pensado salir a hacer algún trámite o compra y lo has dejado para otro momento? Los bebés no entienden de tiempo y cuando piden algo, lo quieren ya. Cierto, esto puede resultar agotador, pero el posparto es un periodo de adaptación. Con el paso de los días os iréis conociendo y todo será más sencillo.

Siempre a la vista

No nos cabe duda de que te habrán dado muchos consejos, pero ¿alguien te ha contado que el recién nacido solo os necesita a vosotros? Vuestra presencia es su seguro de vida. Él sabe que mientras estéis ahí no le faltará comida ni protección. Es lo que se llama instinto de supervivencia.  

Sin embargo, en estos primeros días de vida, vuestro recién nacido no tiene asumido el concepto de tiempo, ni mucho menos de espacio. Por eso, cuando no os siente cerca os llama con su llanto o quejido. Puede que estéis a unos pocos metros de él, pero si no os ve ni os siente, para él no estáis. Y estar solo le hace sentir en peligro. Sabiendo esto, quizá os resulte de gran ayuda tener en cuenta estas ideas cuando cualquiera de los dos debáis cuidar solos de vuestro bebé:

  • Utilizar un sistema de porteo (mochila, bandolera, fular) os permitirá hacer lo que necesitéis sin que el recién nacido deje de notar vuestro calor.
  • Llevar al bebé al cuarto de baño. Tumbado en una hamaca, podréis hablarle y mirarle mientras os dais una ducha, os peináis, os ponéis crema…, lo que sea. Otra opción es bañaros con vuestro recién nacido.
  • Estar, es suficiente. No es necesario darle juego constantemente, y mucho menos si es un recién nacido. Tiene todo un nuevo mundo por descubrir (¿habéis visto cómo se queda mirando la lámpara o la pared?) y eso ya es entretenimiento de sobra. Veros cerca suele ser suficiente para estar feliz.
  • Buscar ayuda. Si no podéis contar el uno con el otro, y necesitáis tiempo para vuestras cosas, recurrir a familiares, amigos u otros padres para que se encarguen un momento del bebé es una buena alternativa. Para ser buenos padres no es necesario estar todo el tiempo con el bebé. En cambio, para seguir siendo buenos padres necesitaréis disponer de algún tiempo para vosotros mismos.

Operación ¡salir de casa!

A estas alturas también os habréis dado cuenta de que salir de casa con un bebé es otro cantar. Por muy programado que deseéis tenerlo todo, quien marca el ritmo siempre es él, ¿a qué sí?

A punto de salir por la puerta, ¿no habéis tenido que dar la vuelta a cambiarle el pañal? ¿O darle el pecho o un biberón? Y eso sin contar que para ir a cualquier sitio es imprescindible ser previsor y llevar una bolsa con: ropa de recambio, el cambiador, pañales, toallitas, la crema del culito, otro chupete… En fin, cada salida se convierte en un pequeño viaje.

Y una vez fuera de casa, ¿qué decís de las conversaciones a medias? ¿Cuántas veces no habéis dejado a los amigos, al panadero o a la farmacéutica con la palabra en la boca porque el bebé os reclamaba? Volver a casa antes de lo previsto también es algo habitual. Los primeros días quizá es más recomendable hacer salidas cortas: un café en el bar de la esquina, una vuelta a la manzana…, para poco a poco ir aumentando la distancia. Los centros comerciales, depende de cómo sea vuestro bebé, no son una opción muy recomendable porque suele haber mucho ruido, luces intensas, y eso no les suele gustar a los bebés.

En definitiva, el posparto es una etapa de adaptación mutua, de vosotros al recién nacido y a la inversa, donde se trata de probar y de tener grandes dosis de paciencia. Puede que resulte agotadora, pero también es muy gratificante.

Confía en tu instinto

No existe la fórmula mágica para cuidar a un bebé. Puedes probar todo lo que has leído y lo que te han aconsejado otras madres, pero al final te darás cuenta de que tú tienes tu propio método. Y es que nadie mejor que tú conoce a tu bebé, nadie mejor que tú sabe lo que le gusta y lo que no, porque tú eres la mejor madre que puede tener. Confía en ti, en tu instinto, y seguro que aciertas.

 

L.ES.MKT.CH.03.2017.0303